
EL PRESIDENTE, LAS MUJERES Y EL REGATAS
Wilfredo Ardito Vega
"Realmente no entiendo por qué ha pasado esto", me decía una asesora de la Comisión de Constitución del Congreso.
En noviembre del año 2006, cuando tenía pocos meses en el cargo, Alan García presentó al Congreso de la República el Proyecto de Ley 608 para establecer un acceso libre a las playas cada 500 metros y no cada 1,000, como señalaba la Ley 26856, y disponiendo además que el Ministerio Público podía ingresar a cualquier club o condominio de playa para garantizar que no existieran prácticas discriminatorias en el ingreso al mar. Meses después, el Congreso aprobó el proyecto por unanimidad y lo envió al Poder Ejecutivo para su promulgación, pero fue devuelto, con el vago argumento que faltaba realizar mayores estudios, generando desconcierto en congresistas y asesores.
Al parecer, ya entonces García había solicitado convertirse en socio del Club Regatas Lima, por invitación del entonces Ministro de Vivienda Hernán Garrido Lecca. Algunos observadores han señalado su extrañeza que García haya logrado abonar la elevada cuota de ingreso, aún más costosa para él debido al número de sus hijos. Sin embargo, lo indiscutible es que el ingreso de García al Regatas refleja un afianzamiento de su vinculación a los sectores más acomodados. Ni Fujimori ni Toledo, a pesar de los indudables servicios que prestaron a los grupos de poder, tuvieron el privilegio de aparecer en la lista de Nuevos Asociados publicada el pasado octubre.
La pertenencia del Presidente a un club limeño podría parecer un asunto privado, quizás simplemente un caso particular de arribismo, pero en este caso, debería generar en los ciudadanos, y especialmente en las ciudadanas, bastantes preocupaciones. El Presidente debe cumplir los valores que rigen a la Nación, entre ellos la igualdad. Por lo tanto resulta sumamente cuestionable que se incorpore a un club donde las mujeres no pueden ser socias, sin que algún argumento razonable justifique esta discriminación. Dada la elevada votación femenina que García obtuvo en el 2006, podría inclusive hablarse de una traición a su electorado.
Sin embargo, las mujeres que podrían sentirse más traicionadas por García son las trabajadoras del hogar. El pasado 30 de marzo pasado, García convocó a cientos de ellas a un acto público de reconocimiento en el Ministerio de Trabajo y proclamó esa fecha como Día Nacional de las Trabajadoras del Hogar. Ahora es socio de un club donde ellas son permanentemente discriminadas.
Hace unos días, el Club Regatas Lima publicó en su portal las directivas para el verano:
http://www.clubregatas.org.pe/noticias/DISPOSICIONES_INTERNAS_2008.pdf
Varias disposiciones parecen razonables, como no escuchar música a alto volumen en la playa o no cambiar bebés en el comedor. También podría ser comprensible que las trabajadoras del hogar no ingresen a las instalaciones recreativas, reservadas a los socios y sus invitados, por quienes se paga un derecho adicional. Lo inaceptable es que se prohíbe a las empleadas del hogar ingresar al mar, como si éste también perteneciera al club.
Las directivas obligan a todas las trabajadoras del hogar a estar uniformadas, empleando solamente los colores celeste y blanco. Se les prohibe también acudir con sandalias, debiendo llevar solamente zapatos o zapatillas blancas. Todas estas disposiciones parecen tomadas de tiempos coloniales, cuando existían vestimentas obligatorias según la condición étnica. En realidad, muchos lectores sentirán que el mundo que estamos describiendo proviene de una Tradición de Ricardo Palma.
A decir verdad, estas prohibiciones reflejan prejuicios raciales más extendidos: "En la piscina donde aprenden mis hijos a nadar tampoco permiten que las empleadas entren", me comenta una amiga "porque otros padres de familia creen que traerán enfermedades". Recordemos la obsesión en algunas casas por separar la vajilla y los cubiertos, aunque sea la propia trabajadora del hogar quien prepara la comida.
Por todo ello, la incorporación de García al Regatas tiene el claro mensaje que el Estado peruano acepta el machismo y el racismo institucionalizados practicados en determinados sectores sociales. Resulta contradictorio que, mientras se publicitan gestiones internacionales para definir los límites marítimos con Chile, el Presidente pertenezca a una asociación que impide a cientos de mujeres peruanas ingresar al mar.
Podemos compartir o condenar las opciones políticas y económicas de Alan García, pero en ningún caso, éstas justifican convertirse en cómplice de violaciones a los derechos fundamentales... y al espíritu de las normas que hace unos meses él mismo promovía.
Bajo la legislación actual, el Ministerio Público, el Poder Judicial y otras instituciones estatales están facultados para sancionar a los responsables de los diversos delitos de discriminación que se cometen en el Club Regatas Lima. La subsistencia de disposiciones machistas y racistas en dicho club demuestra cuán atrasados son aquellos sectores que pretenden ser los más modernos del Perú.
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