Cuando tuve que pedir una silla de ruedas porque mis piernas trémulas no soportaban el peso de mi cuerpo, supe que lo que me pasaba era un problema.
Todo comenzó con un viaje que llevaba el título de 100% diversión: Verano. Febrero. Carnaval. Fiesta. Playa. Copacabana. Brasil.
Fue uno de los peores viajes de mi vida, en lo que a traslado se refiere. No quiero dar muchos detalles del vuelo porque realmente aún me asusta. Mi problema es grave. Sólo quiero decir que nunca en otros viajes había vivido una sensación tan monstruosa como aquella. Esas caídas y turbulencias interminables definitivamente me traumaron.
Mientras estábamos en pleno movimiento, pensaba que iba a morir y no exagero: Me despedía de Samuel y le decía cuánto lo amaba pegando su cabeza a la mía mientras él no sabía si reír o entrar en mi alucinación de muerte trágica. Yo seguía con el drama y reclamaba a la vida por qué tenía yo que morir de esa forma. Qué cosa tan grave había hecho para merecer esa desgracia.
Mi problema con los aviones se ha ido complicando más y más... después de ese viaje que me marcó, vinieron muchos más... por supuesto, que el miedo se hizo de igual forma más y más grande.
El último viaje que tuve fue intercontinental. ¡Maravilloso! 12 horas encerrada en esta diminuta aeronave con muchas personas alrededor sin poder hacer nada, 12 horas en el aire a miles de pies de la tierra, 12 horas sin poder moverme de ese asiento tan pequeño e incómodo, 12 horas de sufrimiento y tortura pura.
Decidí tomar pastillas para dormir. No era la primera vez que tomaba esta medida, ya lo había hecho antes pero sin resultados positivos. Por eso, para este último viaje preví conseguir mejores medicamentos, algo más efectivo que realmente hiciera que pueda dormir.
¿Qué pasó?
Pues tampoco resultó... dicen. Yo sólo recuerdo despegar. Lo que sigue en mi memoria es una parrillada en el departamento de Paola que vive debajo de donde vivo yo y algunos amigos que estaban a mi alrededor. Aparentemente, todo iba bien conmigo, dicen que me comportaba normal y que lucía cansada, hasta que de la nada pregunté: ¿Dónde estamos? ¿Y el aeropuerto?
Aún sigo obteniendo información acerca de todas las cosas que dije y/o hice en esas casi 16 horas que, claro está, no recuerdo nada.
Insisto: Mi problema es grave.
4 personas jugaron:
Gracias por comentar aunque a estás alturas ya hayas borrado tu comentario jijiji =D
Alguna vez me lo pasó lo mismo (no en un viaje) pero sí definitivamente pasé del placer a la fobia ¿cómo es que el cuerpo puede cambiar radicalmente? ¡Es un misterio!... en síntesis:
¡Tu problema es grave! jaja
Saludos!
*lo borré porque queria cambiar el comentario pero ya no importa :P
¡Me gusta tu blog! :D
¡Gracias Fleur de Lilie! Qué bueno que te guste el blog. Únete al grupo de facebook =D
Publicar un comentario en la entrada